Lunes, 21 Octubre 2019

El rol de la salud mental durante los primeros años de vida

Salud Mental interviene en la etapa vital de la niñez y adolescencia donde los efectos son determinantes para la vida posterior del paciente.

Un niño, una niña, un o una adolescente, son sujetos en constitución, muchas de las dificultades que presentan los niños en su desarrollo, son claramente comprensibles en el contexto de ciertas tramas vinculares que le dan sentido, tanto familiares como sociales, y no siempre se trata de procesos patológicos.

Cuando estas dificultades se interpretan en términos de “enfermedad”, hablamos de “patologización”; y cuando la única respuesta que se habilita es la biomédica, hablamos de “medicalización”.

Se transforman así, situaciones y procesos muchas veces transitorios, en condiciones esenciales, adjudicando una identidad y un destino, con nombre en código de trastorno. Entonces, ya no son “Juan” o “María”. Ya no son niños que sufren, que “tienen” una dificultad porque no pueden relacionarse, porque se inquietan y no pueden estar tranquilos, porque no han llegado a sentirse plenamente humanos, sino que son ADD, ADH, TGD, TEA.

Todas las conductas del niño pasan a ser explicadas por el trastorno, y muchas veces, justificadas y sostenidas en razón del mismo. Muchas oportunidades serán obviadas en nombre de las dificultades propias del trastorno. Se le exigirá menos o más en razón de ello, sin poder atender a lo que singularmente Juan o María pueden y precisan.

Se generaliza y congela una identidad, obturando la posibilidad de comprender la significación de las dificultades del niño, y la construcción de respuestas creativas, respetuosas de su realidad.

2019-10-18 SALUD: Salud Mental en los Primeros Años de Vida

Como adultos, es muy importante poder interrogarse respecto al sentido de dichas dificultades, antes de rotularlas con un diagnóstico e intentar “normalizar” al niño. 

La psicóloga Dra. Gisela Untoiglich, señala en su libro sobre la patologización de las diferencias en la clínica y en la educación, que en la niñez “los diagnósticos se escriben con lápiz”, son garabatos que uno traza tratando de darle forma y orientarse en la dificultad, pero que deben poder borrarse, ya que la realidad del niño se transforma.

Lo que hoy utiliza como modos de hacer con su sufrimiento, puede no sostenerlo mañana. Especialmente cuando ha sido posible algún tipo de experiencia- terapéutica, por ejemplo- que habilite nuevos modos de ser y hacer en el mundo.

Incluso en aquellas perturbaciones en que el condicionamiento genético u orgánico es indudable, los modos singulares de portarlas y los pronósticos varían en relación a cada sujeto y contexto vincular.

La mirada atenta, el diagnóstico temprano, el tratamiento oportuno, son imprescindibles para garantizar los mayores niveles de salud y bienestar para niños y niñas; pero siempre atendiendo a esa “transitoriedad” que imprime el hecho, de que los niños son niños y tienen toda una vida por delante.

Esta es la mirada que los equipos de atención primaria deben tener para garantizar un abordaje adecuado.

Los primeros años de vida constituyen un hito fundamental en las bases del crecimiento y desarrollo de los niños y niñas.

2019-10-18 SALUD: Salud Mental en los Primeros Años de Vida

Los seres humanos, no nacemos “hechos”. Por el contrario, nos vamos armando en un complejo proceso, en que las disposiciones innatas se conjugan con el entramado de una historia singular, en la que el tejido familiar y social que sostiene irá dejando marcas, habilitando algunos trayectos, en lugar de otros.

En este proceso el niño no es pasivo. También hace cosas con lo que le toca. Aunque no se trate de decisiones premeditadas, un bebé puede berrear por el alimento, o permanecer en silencio esperando; puede prenderse con vehemencia al pecho o rechazarlo enfurecido por su tardanza. Esto, que inicialmente serán respuestas emocionales medianamente simples, se irá complejizando, constituyendo modos muy particulares de cada sujeto, para vincularse con el entorno y producir ciertos efectos en él, en función de su deseo.

El niño, en retroalimentación con el entorno cercano, irá desplegando aquello que puede hacer con las herramientas que tiene a su alcance, en razón de su momento evolutivo y su historia.

Este proceso no se da en el aire. Cada momento sociohistórico favorece ciertas experiencias, que se sostienen en imágenes y modelos respecto a la infancia y su devenir. ¿Qué es un niño? ¿Qué se espera de su desarrollo? ¿Qué necesita para crecer saludablemente? ¿Qué constituye una perturbación y cómo podrá abordársela? Son algunos aspectos que orientan las prácticas sociales respecto a la infancia, su cuidado, educación y crianza. 

Estas imágenes que resultan imprescindibles en el trabajo humano de recibir y orientar las nuevas generaciones, pueden por momentos transformarse en un molde rígido y opresor, cuando se espera que todos los niños se manifiesten y respondan de la misma manera.

Algunas veces, aparecen en el proceso de desarrollo de un niño, manifestaciones que van a destiempo o contramano de lo que se espera suceda. A veces se trata, simplemente, de modos o ritmos propios de ese niño, o de algún escollo que se presenta en el transcurso de un desarrollo “normal”. Otras veces, se trata de manifestaciones que toman la forma de una dificultad, un síntoma, o un trastorno como respuesta subjetiva a un sufrimiento.

Aunque está bastante extendida la idea de que cada niño tiene su propio ritmo de crecimiento y desarrollo, y que los seres humanos no somos todos iguales, sigue prevaleciendo en algunos contextos, una mirada que sanciona la diferencia como anomalía. 

Modificado por última vez en Domingo, 20 Octubre 2019 20:33
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