Miércoles, 17 Enero 2018

Ing. Carlos Graffigna: Le rendimos un homenaje a quien fue un pionero de la actividad científica y tecnológica en San Juan

Apasionado por la ingeniería y la electrónica desde niño, vocación que fue naciendo en la bodega de su abuelo y en la antigua Radio Graffigna, hoy Radio Colón fundada por su padre Benedicto y sus tíos. Fue  Subsecretario de Informática y Desarrollo de la presidencia del Dr. Raúl Alfonsín, y en  los años ’90, fue nombrado subsecretario de Ciencia y Técnica de la Provincia. También Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de San Juan. Le agradecemos por todo lo que nos enseñó, participamos con pesar de su fallecimiento y acompañamos en el dolor a su familia.

Carlos Benedicto Graffigna cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Don Bosco, pero, como aquellos signos ingenieriles de su niñez ya habían quedado sellados para siempre en él, una vez que terminó el secundario ingresó en la Facultad de Ingeniería, Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FICEFN) de la Universidad Nacional de Cuyo. Quiso seguir  pero en ese tiempo no existía Electrónica ni Electromecánica. Por eso se fue a Córdoba, en cuya Universidad Católica cursó Ingeniería Electrónica. Luego pudo ingresar, como civil y por convenio con esa universidad, en la Escuela Superior de la Fuerza Aérea. Así, en 1965 egresó como ingeniero electrónico y como ingeniero aeronáutico.

Mientras estudió trabajó mucho en reparación y mantenimiento de equipos de a bordo de los aviones que fabricaba la Fuerza Aérea.

En su paso por la Fuerza Aérea, Graffigna tuvo innumerables experiencias de aviación. Sin embargo, su vocación hacía que su verdadero entusiasmo no pasara por pilotear una nave: Mientras sus compañeros hacían vuelos de instrucción, él indagaba en la parte electrónica e iba probando nuevos desarrollos. Era muy adepto a la investigación para nuevos proyectos.

A mediados de los años ‘60 Carlos Graffigna trabajaba también en un proyecto franco-argentino de satélites que ejecutaba la Fuerza Aérea. Mientras los franceses hacían toda la pelota del satélite, los argentinos desarrollaron la cohetería para ponerlo en órbita. Se armó la base de Chamical, en La Rioja. Ahí se lanzó el primer cohete no tripulado y fue a la altura que se esperaba el satélite. El Ing. Graffigna dejó el proyecto en marzo del ‘66 porque se casó. Fue entonces cuando volvía de su luna de miel con su esposa María Luisa que se enteró del golpe de Estado de Onganía, que traería sus consecuencias: “Su primer decreto detuvo el proyecto franco-argentino, porque le rompía el monopolio a Estados Unidos de todo lo que eran las comunicaciones en Occidente. Con Francia había existido un convenio de intercambio de experiencias muy provechoso.

En ese tiempo Graffigna también renunció a una beca en Estados Unidos. Iba a hacer una especialización de ingeniería en Pittsburg, pero falleció su madre y su padre se quedó muy mal. Por ello se volvió con su mujer a San Juan a apoyarlo.

En San Juan comenzó a trabajar como jefe de Trabajos Prácticos en la FICEFN de la UNCuyo. Fue en la especialidad Electromecánica, donde daba Electrónica. Después el ingeniero de Luca, titular de la cátedra, fue becado a España. Mientras tanto, él enseñó la parte de transistores. Años más tarde, ya creada la Universidad Nacional de San Juan, Graffigna fue nombrado decano de la FI.

Luego, en enero de 1975, Graffigna asumió como presidente de Fabricaciones Universitarias, un proyecto que funcionaba en el subsuelo de Electromecánica de la FI, y para la ejecución del cual don Carlos destaca el apoyo recibido de los ingenieros Vázquez, Díaz Cano, Leonetti, Mascotti y Cámpora, entre otros. La idea fue fundamentalmente de él, porque  venía de su experiencia de Córdoba. Había visto crecer la fábrica IKA, la Fíat y la de aviones. Lo que  quería con Fabricaciones Universitarias era que los estudiantes pudieran trabajar en algo que verdaderamente manejen, porque hasta entonces era todo teoría. Y la idea era que una vez funcionando esa fábrica, el 70 por ciento se iba a privatizar y el 30 restante lo conservaba Fabricaciones Universitarias para generar otros proyectos. O sea, iba a ser una fábrica de fábricas. Siempre le gustaron los proyectos grandes, socialmente aplicables. Tenía una visión social de la ingeniería.

A partir del golpe del ’76 estuvo 10 años sin trabajar en la universidad. Cuando regresó, el  rector de la UNSJ, Dr. Benjamín Kuchen, lo adscribió al Instituto de Automática. En esos tiempos trabajó para fundar el CREACOM con Elsa Lépez de Cousirat; luego se gestionaron subsidios ante la Embajada de Japón y la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación para comprar cámaras y equipos de edición. Manuel Sadosky, secretario de esta área del gobierno alfonsinista, luego lo designaría al frente de la Subsecretaría de Informática y Desarrollo. Y ya en los años ’90, fue nombrado subsecretario de Ciencia y Técnica de la Provincia. En 1994 se jubiló de la UNSJ.

Carlos Graffigna fue puro vuelo creativo desde áreas públicas y emprendimientos privados (como su empresa Polimnia, en la que diseñó, entre otras cosas, los primeros equipos de sismología, protectores de falta de fase, o bloqueadores telefónicos).

A fines de la década del ’60, los ingenieros Graffigna, Silvestre, Cernuda, y Ciallella, entre otros, realizaron aportes a la tecnología del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES). Así lo explica Carlos Graffigna: “El ingeniero Volponi, gran docente y excelente artesano, había armado los primeros sismógrafos trabajando con agujas que raspan sobre hollín y quedan las gráficas. Nosotros queríamos registrar esos movimientos para poder después reproducirlos en una mesa vibrante. Entonces fabricamos unos captores para que nos den una señal electromagnética y desde ahí convertirla para poder grabarla. Pero también para eso tuvimos que desarrollar un generador de frecuencia modulada. Luego desarrollamos la otra interface para que se pueda reproducir la señal. Una vez logrado, creamos un aparato integrado con los sensores en su base más un generador de tiempo, entonces todas esas generaciones daban cuatro señales. En esa época era casi imposible hacer una grabación en cinta magnética de cuatro canales. Otro problema era que cuando arrancaba el aparato por un sismo, nos perdíamos el inicio del temblor. Entonces desarrollamos un aparato de cinta continua que podía controlar los primeros 15 segundos. Llegó gente de Estados Unidos y compró un equipo para estudiarlo; a partir de ahí ellos lo fabricaron con todo su aporte tecnológico. Nosotros tendríamos que haber tenido una industria que nos ayude a hacer todo esto”.

Fuente: Revista La Universidad-Universidad Nacional de San Juan.