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Fabrizio Benedetti, el repaso por una vida vivida a fondo

El piloto sanjuanino corrió en Turismo Carretera y logró ser campeón del TC Pista.

Fabrizio Benedetti dice haberse enamorado del automovilismo, tomado de la tela romboidal del autódromo El Zonda, viendo bajar los Fiat 128 y también recuerda haber visto a su tío Augusto correr en speedway en las recordadas noches del Club Los Andes.

Su padre también era un fanático de los fierros, sin embargo, no estaba muy convencido de dejarlo correr; dice que el automovilismo siempre fue el único deporte que le gustó, más allá de haber tenido la suerte de practicarlo, no sin antes tener varias discusiones con el Conde, porque no lo autorizaba, hasta que, en 1993, a Mauricio Juárez le compran un 128 y entonces reclamó que todos sus amigos iban a correr y él, con sus 20 años, no podía. Finalmente logró que le comprara un IAVA; así ganó esa pequeña lucha con quien después lo apoyaría en toda su trayectoria, pero que ni siquiera le permitió subirse a un karting, de chico.

Su infancia la recuerda como increíble, en el barrio Santa Teresita, en la calle Saturnino Sarassa, lugar del que guarda los mejores recuerdos y donde tuvo sus primeros amigos, su época de andar en bicicleta o de tirarse en el terraplén de la avenida de circunvalación con el karting a rulemanes. Por ello sintió cuando se fue a vivir a la casa de su abuela, a los 14 años, como un desarraigo, por dejar amigos y momentos inolvidables de su vida, por ello es que -cada tanto- pasa por ese lugar, para él entrañable.

Sus estudios primarios los comenzó en la Normal Sarmiento, siguió en la Dante Alighieri y terminó en la Superior Sarmiento.

Cuando comenzó su carrera de piloto, no sabía exactamente dónde podía llegar, solamente pensaba en subirse y correr. Siempre imaginó la sensación de bajar la viborita de El Zonda y quería vivir esa sensación. Cuando debutó, lo hizo en el Zonal y no le fue bien, ya que casi le sacaron una vuelta y más allá del resultado, pudo alcanzar su anhelo.

El auto era bueno, pero debía aprender y recibió muchos consejos de Miguel Brisighelli, sin olvidarse del Cascote Juárez o de Roberto Basualdo, que con su Fiat rojo siempre andaba adelante.

Seguramente, pocos han de saber que también practicó hockey sobre patines en el club Olimpia, donde su papá llegó a ser presidente, aunque recuerda que le costaba bastante, a diferencia de su hermano Franco, que jugaba muy bien y era goleador en el equipo.

Volviendo al automovilismo, recuerda la creación de la monomarca Gol y una carrera en pareja con su padre, luego vino el curso de manejo con Henry Martín y -de a poco- iba puliendo detalles como piloto. Se dio el gusto de ser campeón de esa categoría, sin haber podido vencer en ninguna carrera, pero sumando puntos suficientes para ese logro.

El paso siguiente fue hacer un auto de clase 2 para Turismo Nacional, aunque con una situación económica complicada, lo que le permitió hacer sólo algunas carreras con un motor hecho en San Juan. Fueron dos temporadas (1995 – 1996), luego de las cuales decidió dejar de lado la actividad nacional y volvió a correr en “el tierrero” sanjuanino. Luego, en 1997, casi por casualidad, un amigo de su padre que vivía en Buenos Aires le comenta que él, con su empresa, apoyaban a un auto de Turismo Carretera y le preguntaron si se animaba a probarlo.

Fabrizio viajó a la capital y le pidió a Henry Martín que lo acompañara a hacer esa prueba. En aquella ocasión lo acompañaron varios amigos, por lo que significaba para todos ese momento. Aquel Ford del Indio Muñiz lo probaron los dos sanjuaninos y vino la pregunta: ¿Querés correr? Finalmente, en 1998 se dio el gran gusto de correr en TC, donde no le fue muy bien y fue allí donde el presidente de la ACTC, Oscar Aventín, decide que los 20 últimos de la categoría pasaran a correr en TC Pista, lo que se da en 1999, consagrándose campeón, con una serie de circunstancias favorables, como el buen auto, con Luis Belloso como chasista, la empresa Reino como sponsor, la preparación de Johnny De Benedictis, entregando un motor formidable y ganando su primer campeonato como preparador, que ayudaron para que él pusiera sus condiciones como piloto y llevarse tamaña alegría.

La temporada siguiente volvió al TC, donde compitió en trece carreras, pero sin lograr resultados relevantes y otra vez enfrentando una situación difícil desde el punto de vista económico, que no facilitó las cosas. En 2001, fue aún peor, por la recordada crisis; allí formaba equipo con Marcos Di Palma en la escudería de Pablo Satriano y si bien se dieron buenos resultados, el tema dinero fue determinante para no continuar.

Cuando se refiere al desaparecido automovilismo de nuestra provincia, habla con convicción que el campeonato en pista de tierra debería haber permanecido, más allá de correr sobre asfalto, fundamentalmente por los costos y tiene latente el recuerdo al Super Stock, con 35 autos, corriendo en Caucete, con un reglamente sumamente básico, pero económico, que permitía tener ese número de autos.

Otra de las experiencias de este piloto que se adapta a cualquier tipo de auto de competición, es correr en el tradicional Safari Tras las Sierras, de Valle Fértil, siendo, con seis ediciones, el piloto que más veces lo ganó. Y cómo olvidar la ocasión donde los cinco sanjuaninos que corrían el campeonato sanjuanino de rally, decidieron alquilar Subaru de tracción integral para disputar la carrera, quedándose con la victoria. Hoy, se muestra en desacuerdo sobre el tipo de caminos que se utilizan, a los que considera muy peligrosos.

Otra etapa de su vida, la marca la decisión de dejar de lado las categorías nacionales en 2004 y comenzar a involucrarse con la empresa familiar y con la Cámara de Servicios Mineros, aunque volvió al Top Race con el equipo de Henry Martín, pero sin poder dedicarle el tiempo que le hubiese gustado.

El presente lo encuentra corriendo en la Clase 2 del Zonal Cuyano, pero sin pensar en la gloria de un triunfo o un campeonato, sino para seguir ligado a lo que siempre hizo con tanta pasión y de algún modo, impulsado por su hija Ornella.

Fabrizio Benedetti, uno de los tantos locos que dio el automovilismo; jovial, siempre con buena onda, amante de su familia por sobre todas las cosas. “Vivo feliz y sonriente, que no es poca cosa y es algo que uno construye todas las mañanas”, dice para despedirse.

Modificado por última vez en Jueves, 07 Mayo 2020 18:31