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Luciana Agudo y una vida ligada al hockey

La sanjuanina reparte sus pasiones por el patín y el césped mientras termina su carrera de kinesiología.

De perfil muy bajo, humilde, habla bajito, no le gusta sobresalir; ello lo hace en la cancha, patinando o corriendo, haciendo goles. Fue considerada como la mejor jugadora del mundo de hockey sobre patines, pero casi que hasta le da vergüenza hablar del tema y dice: “No lo creo”. ¿Será que así es una gran deportista? Luciana Agudo, lo es.

Desde que nació y hasta los cuatro años vivió en casa de su abuelo, en el centro, y de allí se mudó a su casa actual en el barrio Natania IV. No recuerda haber sido como las demás niñas, jugando con muñecas, sino que seguía mucho a su hermano mayor en todas sus actividades y siempre terminaba siendo echada de esos lugares, recuerda con una sonrisa. En esos años le llamaba más la atención el fútbol que el hockey y le gustaba jugar con los chicos en la plaza del barrio, con la camiseta de Boca que les pedía a sus padres que le compraran.

La Escuela Modelo la vio pasar por sus aulas en época de primaria y el polimodal lo cursó en el Colegio Central Universitario. Cuando terminó la secundaria pensaba en una carrera universitaria, pero su cabeza estaba puesta en el hockey y tenía un sueño: ir a jugar a Europa, algo que pudo concretar.

Su primera relación con el hockey fue sobre césped, ya que su mamá Adriana y su papá Miguel eran (y su papá sigue siendo) entrenadores en Universidad; ya a los cuatro años los acompañaba al club y a los seis se inició en la práctica. Luego, como su hermano Juan Pablo comenzó a jugar sobre patines en Bancaria, ella lo acompañaba también y allí comenzó a entusiasmarse. Al principio no sabía dónde jugar y pensaba que no había hockey para damas, hasta que supo que en Centro Valenciano se practicaba, por lo que se decidió por el club de la calle General Acha; era el año 1998 y tenía ocho años. Luego de dos años cambia de camiseta y se va al Concepción Patín Club. A los trece años debuta en primera y se da el gusto de jugar con sus ídolas: Daniela Guerrero, Vanesa Sólimo, Mariela y Viviana Foresto, entre otras.

La historia de su viaje a España comienza a escribirse en el mundial de 2006, en Chile, que -dice ella- lo jugó normal, pero evidentemente fue algo más, ya que alguien puso sus ojos en esa jovencita; hasta que en 2008 recibió un mail de un entrenador español que la había visto jugar y le ofrecía la posibilidad de hacerlo en Europa, aclarándole que no se había comunicado antes porque ella tenía solo 16 años. Con ese panorama y con la preocupación lógica de sus padres, parte hacia Asturias, para incorporarse al Gijón, donde jugó cinco temporadas y del que guarda muy buenos recuerdos por la similitud con su equipo sanjuanino: un club familiar, con un grupo de padres que las seguía en todas las canchas, detalles que la hicieron sentir muy cómoda.

Y cierto es que Luchi la pasó bien en Europa, pero sentía que había algo pendiente en su vida: estudiar una carrera universitaria y quiso hacerlo en su provincia. Antes de partir había comenzado con el profesorado de Educación Física, que quedó en el camino por ese viaje. Al regresar decidió estudiar kinesiología y ya está en la parte final de sus estudios.

Luchi destaca el gran apoyo de sus padres desde el comienzo mismo de su carrera y en especial a su papá que estuvo junto a ella en cada momento: quedarse en el club hasta que terminara de entrenar, acompañarla en los viajes y entiende que todo lo logrado es gracias a que mamá y papá estuvieron siempre y hoy, con sus estudios, siguen estando junto a ella.

Han pasado muchos años dedicados al deporte y dice sentirse cada vez con más entusiasmo, tal vez pensando que no quedan muchas temporadas por delante y está decidida a disfrutarlas. Sigue siendo muy ansiosa a la hora de los partidos importantes, con sus pensamientos en jugadas que se deben hacer y que hasta le quitan el sueño, aunque ya en la cancha se siente tranquila y dice hablar poco mientras juega.

Cuando mira hacia atrás se da cuenta de la cantidad de logros obtenidos, tanto en su club como en la selección. Destaca los innumerables campeonatos logrados con sus compañeras de Concepción y con la Copa Intercontinental lograda en nuestra provincia, considera que ya ganaron todo, ya que ese campeonato posicionó al equipo sanjuanino como el mejor del mundo.

Ese grupo de jugadoras es para Luchi como una familia, ya que juegan -en su mayoría- desde que eran niñas. Recuerda estar defendiendo la camiseta azul desde los diez años y a excepción de los cinco años en los que jugó en España, siempre ha defendido esos colores.

Cuando habla del hockey sobre patines femenino se la nota preocupada; cree que la actividad está decreciendo, teniendo en cuenta la cantidad de jugadoras que hay en los clubes. Sin saber exactamente cual es el motivo, cree que hay que trabajar para aumentar el número de niñas en las divisiones inferiores.

La Luchi Agudo, como todos la llaman, sigue manteniendo un nivel de jugadora de elite y por ello es que desde Europa han vuelto a la carga por ella, esta vez de España y Portugal. La idea le entusiasma, pero antes quiere cerrar su etapa universitaria para quedarse tranquila con lo que más adelante será su medio de vida. Le gusta la idea de jugar, conocer lugares y encontrar la tranquilidad que tuvo en su paso por Asturias.

La historia continúa...

Modificado por última vez en Jueves, 09 Abril 2020 14:33